Nuestra Bandera:

LOS FUNERALES DE LA MAFIA Por Gustavo Espinoza M. La ignorancia y el fanatismo de algunas gentes, las lleva a afincar la idea que el redoble de campanas es presagio de alegrías y anuncia siempre una fiesta inconcebible. Y como se sienten en la antesala de una supuesta victoria en el tema de la Vacancia Presidencial que se habrá de discutir a partir del martes; ellos baten palmas, complacidos y grandilocuentes, al compás de la guerra mediática que han desatado contra Pedro Castillo y sus colaboradores, en colusión con la TV de todos los colores y matices. Un mínimo de prudencia debiera llamarlos a la reflexión. Aunque alcancen a dar un paso adelante que les entusiasme un cuarto de hora, no irán muy lejos. Inexorablemente serán vencidos porque la fuerza del pueblo -que es, finalmente, la decisiva en todos los combates- no está a su lado. Luce en la vereda opuesta, y es imbatible. Lo que ocurre es que las campanas no sólo anuncian festejos. También, funerales. Por eso, cuando el novelista norteamericano Ernest Hemingey escribe su más célebre novela, aconseja no preguntar por quién doblan las campanas: están doblando por ti. Y si, claro. En términos de la historia y del progreso de los pueblos, el funeral que se avecina no es el que personifica -con aciertos y errores- Pedro Castillo; sino el que encarna esa Mafia putrefacta y maloliente que simboliza en los medios Phillips Butthers y Beto Ortiz, y que proyecta en el plano político López Aliaga y Keiko Fujimori. Las campanas hoy doblan por ellos, sin remedio. Si revisáramos las portadas de “Expreso” y “Correo”, publicadas el miércoles pasado, constataríamos una extraña coincidencia. En ambas, aparece el Presidente Castillo parado sobre una resquebrajada y derruida Carretera Marginal, acompañado por una leyenda alusiva a un hundimiento simultáneo. No les importa a los editores de ambos diarios que se quiebre la importante vía inaugurada hace algunos años por Fernando Belaunde. Lo que les interesa, es que se hunda con el Mandatario y que mejor, éste desaparezca para siempre. Pocas veces se ha logrado mimetizar tan objetivamente un siniestro de la naturaleza -el sismo del domingo 28-, con un terremoto político, que tan artificialmente pretende provocar la Mafia desesperada. Aunque los pueblos sufran, aunque queden aislados, aunque no les lleguen víveres, y aunque mueran de inanición y olvido; no importa. Lo que importa, es que caiga Castillo, parece decir…

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