Nuestra Bandera:

¿LA CONSTITUCIÓN DE 1993 ES TAN SANTA? Por Jorge Rendón Vásquez Hay en Sevilla dos vírgenes, rivales en belleza y adhesión multitudinaria, desde hace siglos: la de Triana y La Macarena. La de Triana tiene su cuartel general en el barrio que le da su nombre, en la banda izquierda del río Guadalquivir, a cuya iglesia se llegaba en tiempos muy pasados por la calle del Infierno; y La Macarena en la banda derecha de ese río, en el barrio de San Gil, cuyos habitantes no se caracterizaban por honrar este nombre, sino, al contrario, por ser avispados y rápidos. Ambas vírgenes se señorean con más garbo en la Semana Santa que atrae a Sevilla a multitudes de otras partes de España, sobre todo populares. Cuando, en algún momento que fui de la partida, le pregunté a uno de esos visitantes por qué prefería justamente Sevilla, la respuesta fue: “Pues, porque hay más joda”. Parte de esta joda era el jolgorio militante de sus devotos, animado por sus correspondientes hermandades que, sin embargo, apenas podían contener las interjecciones y la propensión a irse a las manos de los más exaltados. Cierta vez uno de estos le dijo a otro de la cofradía rival: “¿Que tu virgen es pura? Qué va, bellaco, si tu virgen es más p… que la mía.” Saetas de sevillanos entre ellos se diría. Un enfrentamiento parecido podría darse aquí, si el humor surgiera con el mismo desparpajo e irreverencia. Por ejemplo, si un partidario de la Constitución del 79 le dijera a otro partidario de la del 93: “¿Qué tu Constitución es tan santa?” Y ese es el tema, justamente, porque la Constitución de 1993 no es una diosa pura y virtuosa, ni por su origen, ni por su contenido. Pero, tras ser promulgada, tuvo que ser acatada como la ley de leyes de nuestro país o, más bien, impuesta como el lecho de Procusto en el cual los ciudadanos honestos, expoliados y discriminados están obligados a acostarse. Luego, sus promotores y descendientes la santificaron y se dedicaron a excomulgar a quienes la critican, aunque ellos sí puedan interpretarla como quieran y violarla cuando conviene a propósitos. Esta Constitución, por ejemplo, exonera de responsabilidad a los congresistas que aprueban leyes o adoptan decisiones infringiendo su texto, conducta que debiera ser tipificada como delito. Recordemos cómo surgió esta Constitución: “El 5 de abril de 1992 los tanques…

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