Nuestra Bandera:

Por Gustavo Espinoza M. La ratificada condena dictada por Tribunal Supremo de Italia de Cadena Perpetua para el general Morales Bermúdez, ha traído al recuerdo la «Operación Cóndor» impulsada en su momento por las dictaduras militares del Cono Sur, alentadas por El Pentágono y sustentadas por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Ella se hizo formal luego de un encuentro celebrado en Chile en noviembre de 1975, y al que concurrieran «delegados» de ese país, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia. El Perú no participó, porque sus socios no tenían confianza en los militares de aquí, que vivían aún influidos por el Proceso del 68, aunque ya Velasco había sido depuesto.   Esta Operación, puso en marcha un plan de exterminio para «acabar con la subversión», entendida como la fuerza que se oponía al Poder Militar imperante, y obstruía la aplicación del Neoliberalismo en estas tierras, y que debía imponerse a cualquier precio. En general, sus acciones fueron secretas. Se desarrollaron a escondidas, amparadas en la oscuridad de la noche, en el campo, o en playas en las que numerosas víctimas eran torturadas y asesinadas. En todas, actuó la Fuerza Armada de cada uno de los países.   Así, miles de personas secuestradas en Argentina fueron trasladados a lugares clandestinos de reclusión, como la ESMA,  o establecimientos comerciales como Automotores Orletti, Lo mismo sucedió en Chile, Uruguay, y otros países. Pero todas estas acciones tuvieron un común denominador: eran prácticas de exterminio masivo y se orientaban a acabar definitivamente con todo aquello que asomara como «resistencia» a la política oficial. Matar destacadas personalidades como el general Pratts, Orlando Letelier y Juan José Torres, o arrojar presos atados al mar desde aviones, era una rutina consustancial al esquema entonces vigente. Uno de los líderes de esta práctica asesina, el general Iberico Saint Jean -gobernador de Buenos Aires en 1977- acuñó una frase que mostró muy claramente «la frontera» en la que debía terminar la acción: «Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos».   En esa concepción, enemigos de estos «Cruzados» de nuevo tipo eran todos: estudiantes, intelectuales, profesionales, sacerdotes,   incluso militares, considerados “enemigos”, y a los que había que aniquilar de todos modos. Esas prácticas y sus teorías llegaron al Perú un poco después, cuando los requerimientos de la «Operación Cóndor»…

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