Partido Comunista Ecuatoriano:

Un señor en una radio hace pocos días se manifestaba anticipando escenarios de desorden y turbulencias en las calles de Ecuador, sustentando su vaticinio en el pacto de actores políticos que, según él, tienen como afán común tumbar al señor Lasso.  Reafirmando su evidente posicionamiento y defensa del protagonista del capítulo ecuatoriano del escándalo conocido como Pandora Papers: el banquero Lasso. Pero hay que reconocer que tal anticipación de acontecimientos es también previsible para los actores y organizaciones políticas de izquierda; sin embargo, para quienes también vemos escenarios de movilización y reclamo popular, las motivaciones son por circunstancias diferentes.  Y es que, es tanta es la afinidad de actores políticos con el señor Lasso, como ese “señor de la radio”, que se empeñan en forjar la idea de desestabilización para crear el discurso apropiado que sustente la represión y violencia de las fuerzas del Estado, hacia quienes lleguen a “atentar” contra la democracia, por supuesto, contra esa concepción privilegiada de democracia, que caracteriza al capitalismo en general y al neoliberalismo en particular. Pero los hechos que despiertan el descontento y agitan la creciente necesidad de movilización popular, tienen su origen en las acciones del propio gobierno, que ha desatado males que no puede o simplemente no le interesa controlar.  Por ahí el sistema de salud, enmascarando con el éxito de la vacunación el estancamiento y deterioro en el cumplimiento efectivo de las funciones esenciales de la salud pública.  Por ahí una seguridad social, cuyo Consejo Directivo está presidido por el delegado del señor Lasso, y que hoy propone aumentar la edad de jubilación y modificar la fórmula para el cálculo de pensiones (a la baja muy posiblemente).  Más allá, la venta del Banco del Pacífico, de la que solo se puede entender el gran beneficio para quienes lo compren.  Y así, todo esto abonado por la inconsecuencia de la generalidad de autoridades y asambleístas que no responden a las expectativas de hombres y mujeres que hoy ven con desazón un país en venta y un futuro incierto. Penosamente entre fuerzas y actores políticos que tienen presencia activa en los espacios institucionales de poder, sus preocupaciones distan de aquellas que tiene la gran mayoría de sectores de trabajadores y populares.  El pueblo tendrá la palabra para rechazarles y enviarles al basurero de la historia. Que los neoliberales vean desorden y turbulencias en el reclamo y movilización popular, no es cosa nueva. …

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