Ilustración: Lina Moreno

 Por Agamenón

El racismo, la esclavitud y la explotación, son las constantes en Colombia, desde que la gran burguesía se apoderó del Estado violentamente, con miles de argucias. Desde la perspectiva de esta subcultura, dicha clase oligárquica nos ha impuesto ideas dañinas de inferioridad, al extremo de decirnos descaradamente que no somos capaces de gobernarnos, de que la esclavitud es una virtud y que la explotación es una realidad imposible de cambiar. Además, que dicha clase está predestinada por la divina providencia a gobernarnos y que nuestro deber es obedecer ciegamente, sin oponer resistencia.

No es gratuito escuchar todavía expresiones en el pueblo como estas: “Hay que votar por el adinerado porque él no necesita robarnos nada, pues tiene suficiente dinero. ¿Qué podría hacer un pobretón como yo?”.

El complejo de inferioridad es una imposición aberrante de la clase dominante. Es por eso, que el rico va a la casa del pobre en busca de su voto y éste lo atiende con gallina.

Dicha inferioridad ha sido impuesta a partir de los aparatos ideológicos y represivos, aprovechando a las anchas el analfabetismo político. A su vez, éste ha sido fundamental en la implementación del terrorismo de Estado.

Rompiendo ataduras

La histórica confrontación de clases en Colombia, siempre se había inclinado hacia la clase burguesa. Usando los métodos más innobles como la mentira, la violencia, el chantaje y el ahistoricismo, siempre había salido vencedora fácilmente. La santa alianza (Iglesia, medios masivos de comunicación, los partidos tradicionales liberal, conservador, los terratenientes y burgueses), dominaba y hacía que el pueblo cediera, casi siempre por miedo, desconocimiento e ingenuidad. Durante muchos años e incluso, todavía el caballito de batalla esgrimido por esta clase era el “fantasma del comunismo”. Toda sarta de cuentos, calumnias e infamias, se expresaba y se expresa en los grandes medios de comunicación, propiedad de dicha clase dirigente.

Sin embargo, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, dice el adagio popular. El país vive un momento estelar, diríase trascendental. Ya no come cuento; ha ido comprendiendo el pueblo, que tiene el deber, la obligación de auto gobernarse, es la lógica, es lo obvio, porque se ha demostrado históricamente que nunca un rico está dispuesto a ayudar a salir de la pobreza al pobre. Jamás. Por el contrario. Siempre está a la caza de sus pocas cositas y, sobre todo, de su fuerza de trabajo.

Una historia larga

Llegar a esta conclusión no fue tarea fácil, en realidad tuvo que pasar mucha agua bajo los puentes, muchos hechos violentos, mucho dolor, muchas lágrimas, porque se ha demostrado que esta ha sido una burguesía de las más criminales del continente americano. La violencia que estamos viviendo aún, ha cobrado hasta el momento más de ocho millones de víctimas, sin contar la denominada “violencia en Colombia” que cobró más de trescientos mil compatriotas en una violencia desatada por el bipartidismo para que se mataran el pueblo conservador pobre contra el pueblo liberal pobre. Más atrás, está la “guerra de los mil días” y así, sucesivamente. En este momento es urgente conocer la verdadera historia de Colombia, para radicalizar este proceso de cambio, consolidarlo y desarrollarlo de tal manera que no se convierta en una nueva frustración para el pueblo oprimido.

Pacto Histórico

La proeza unitaria la está haciendo el Pacto Histórico. Ha podido interpretar y canalizar el inconformismo del pueblo. Le ha subido la moral, la comprensión de que la unidad es el camino para ser protagonista del cambio. Es el punto de quiebre para comenzar a ser gobierno desde las entrañas del pueblo, del pueblo mismo.

Pero, también resulta importante saber que el Pacto Histórico no salió de la nada. Es un acumulado de muchas luchas, muchos sacrificios, muchos aciertos y desaciertos durante largas y dramáticas centurias. Por eso, la insistencia en conocer el pasado, la historia. El Partido Comunista – por ejemplo – desde el 17 de julio de 1930, encaró esta lucha de clases con decisión y coraje. A la fecha ha puesto una cifra de sacrificio muy grande, cientos y cientos de cuadros, militantes y simpatizantes, han sido asesinados, torturados, desaparecidos, estigmatizados, etc.

Sin embargo, la frescura realista de sus tesis marxistas y leninistas, aunadas al acervo creativo de pensadores latinoamericanos y la firmeza ideológica y política de la organización, hace que sus ideales sigan vigentes y en gran medida se vean reflejados en el Pacto Histórico. Este Partido, siempre ha agitado la bandera impoluta de la Unidad. Ha considerado que ésta es táctica y estrategia, como bien lo dijera el guerrillero heroico, Ernesto Che Guevara.

Durante este largo y escabroso recorrido muchas fuerzas políticas más, han aportado al momento histórico que estamos viviendo y que deseamos concretar el 29 de mayo con una victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez en primera vuelta. Los días previos son de mucho agite, de ir casa a casa, exhortando al cambio y destruyendo la parafernalia de mentiras racistas, esclavas y explotadoras de esta rancia y sucia oligarquía colombiana. No se puede hacer pausa.

Fuente: Partido Comunista Colombiano