Por Isabella Sanroque

Las saludo en la distancia, Bogotá helada no se compara con lo frías que deben estar bajo mi cama en la finca.

Las recuerdo constantemente sobre todo cuando llueve y las calles de la ciudad se vuelven ríos.

Nunca recibí sus reproches por la cantidad de botas negras que las antecedieron. Agradezco profundamente haberme servido, cubriendo mis píes y protegiéndome del inclemente barro.

Mi cuerpo conoció lo útil que eran ustedes en 2004, cuando llegue ingenua a La Julia en el Meta, en un pequeño almacén de pueblo supe que mis tenis ya no harían parte de mi ajuar. Introduje mis pequeños pies entre su piel de caucho, fría y suave, pasaron varios días para que me acostumbrara a sentir su peso.

Fueron sus primeras antecesoras las que usé para atravesar el río Duda, se llenaron de agua y la instructora de Curso básico me enseño como lavarlas y secarlas introduciendo la toalla a profundidad, riéndose de mi intención de ponerlas al sol. A esa botas les herede un hongo en el dedo meñique, sanado prontamente por fortuna.

Ni que decir de las que tuve en el páramo de Sumapaz, cuando despertaba entre una nube y al sumergir mis pies sentía que se congelaban. También recuerdo especialmente as las que use en la Serranía de la Macarena, cuando la recorríamos con algunas arrobas a la espalda y se llenaban de sudor.

Ustedes han resultado a mi medida, no siempre fue fácil conseguir unas talla 34, porqué el Ejercito restringía su entrada a las regiones porque suponía iban para los campamentos nuestros, como si no hubiesen mujeres civiles con píes pequeños…

De alguna manera también su entrada podría ser clandestina, son ustedes símbolo campesino y guerrillero.

Cuando la inclemencia de los troncos o un machetazo les causaba una herida, convertido en un orificio por él cual se filtraba el agua, las curaba con un trozo de caucho caliente, quizás de la parte superior de su propio ser, esto lo aprendimos del saber campesino, porque para la gente no era fácil comprar botas frecuentemente y las “parchaban” como rescate necesario.

Mis boticas, la parte inferior de mii closet les extraña mucho, se ha venido llenando de zapatos de todos los estilos, especialmente resaltan mis tacones rojos. Espero que no hayan celos de su parte, al fin y al cabo la decisión de mudarles a la finca fue mutua, aquí ustedes se sentían inutilizadas y yo las ví muy incomodas, comprendí que su lugar estaba en el campo, que nos encontraríamos cada vez que voy a recorrer la montaña o a trabajar en una huerta, todas sabemos que ha sido mejor…no piensen que no ha sido difícil desprenderme de ustedes, parte fundamental de mi traje guerrillero, pero cuando nos encontramos nos fundimos como cuerpo, soy yo sintiéndome poderosa e invencible, ustedes llenándome de recuerdos…

El otro día le conté a mis compañeras de la Universidad como las conocí, no se pongan vanidosas, pero todas reconocen que son ustedes bellísimas, así llenas de tierra en su suela, desgastadas por el uso, el tiempo sobre nosotras no es razón para considerarnos menos valiosas, yo también he envejecido y subí varios kilos , mucha gente lo nota, especialmente los hombres, o quienes me conocieron más delgada caminando con ustedes puestas por la sabana, así es…la estética tradicional nos condiciona y esquematiza, pero les reitero, somos ahora más maduras y muchos amaneceres hemos contemplado.

Ya saben cómo soy de dispersa, cuantas veces me vieron llorar  porque mi procedencia urbana significaba no ubicarme fácilmente en el terreno y solía perderme constantemente. Recuerdo también que me acompañaban a un encuentro amoroso clandestino, aunque a veces tuve que dejarlas en mi caleta y envolver mis píes en bolsas para ir a la caleta de mi aventura clandestina y que el guardia relevante no se percatara de mi ausencia.

La época en que ustedes llegaron a mí, fue especial, en plena Décima Conferencia 2016 en el Yarí, una Señora las portaba nuevas, yo tenía las otras grises normales, ese morado de ustedes me cautivó, le propuse intercambiar y ella acepto. Finalmente la guerra estaba terminando y los colores en el campamento ya no eran un riesgo ¡Que encuentro tan afortunado mis adoradas!

Así emprendimos juntas el camino hacia la paz, vivimos la tusa del plebiscito, la llegada a la vida civil…boticas de mi corazón, ustedes como la historia que vivimos, son parte de mi…

Con amor combativo

Isa

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Fuente: Partido Comunes