18 | 09 | 2019

Discurso pronunciado por el Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Serguéi Lavrov, en la inauguración de la exposición de documentos históricos “1939. Inicio de la Segunda Guerra Mundial”, Moscú, 20 de agosto de 2019

Estimados colegas:

Hoy, inauguramos una exposición de documentos históricos sumamente importante, dedicada al inicio de la Segunda Guerra Mundial. En este local se exponen documentos de archivo únicos en su género, muchos de ellos facilitados por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Quisiera expresar mi sincero agradecimiento a la Agencia Federal de Archivos, al Archivo Estatal Militar de Rusia, a la Sociedad Histórica de Rusia, a cuantos han aportado su contribución a la muestra.

Se hacen cada vez más frecuentes los intentos de falsear la historia del conflicto mundial. Lo ha vuelto a reiterar en su mensaje de salutación el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin. Se pretende minimizar o silenciar plenamente el papel desempeñado por la Unión Soviética en la derrota del nazismo, se intenta justificar a los villanos, igualar a los verdugos y sus víctimas, revisar los resultados de la guerra y los fallos dictados por el Tribunal de Núremberg. Tales especulaciones evidentemente buscan no sólo denigrar a la Rusia de hoy en tanto sucesora en derechos de la Unión Soviética, sino encubrir el indecoroso papel desempeñado por determinados Estados en la connivencia con el régimen nazi, justificar las repugnantes gamberradas de los neonazis, la oprobiosa demolición de los monumentos a los combatientes libertadores.

El valor de esta exposición radica en que mediante el lenguaje conciso de hechos irrefutables señala a quienes habían provocado la horrible hecatombe, así como a quienes habían tratado de prevenirla. Mientras sobre la situación en Europa se hacía cada vez más tensa, las capitales occidentales, esperando garantizar su propia seguridad a cuenta de otros, hicieron una opción egoísta y al propio tiempo sumamente miope a favor de apaciguar al régimen de Hitler. Los acuerdos de Múnich de 1938 jalonaron la apoteosis de esta política.

Hay pruebas documentales de que París y Londres ponían diversos escollos a las iniciativas de estructurar un sistema de seguridad colectiva, adelantadas por nuestro país. Incluso en primavera y verano de 1939, cuando estaba claro que el conflicto era inminente, las potencias occidentales, confiando ingenuamente en que la guerra no las afectaría, hacían un doble juego, empeñadas en canalizar la agresión hitleriana al Este. Todavía en 1938, inmediatamente después de firmados los Acuerdos de Múnich, se emitieron las declaraciones británico-alemana y galo-alemana que estipulaban el no empleo de la fuerza. Varsovia y Berlín habían suscrito un documento similar todavía en 1934.

En aquella coyuntura, la Unión Soviética se vio obligada a garantizar su seguridad nacional a solar y tuvo que suscribir con Alemania el Pacto de No Agresión. Esta medida forzada permitió a nuestro país prepararse mejora para la futura contienda con el agresor. Hoy, no estaría de más recordar que fue precisamente nuestro país el que hizo el decisivo aporte a la derrota de la máquina bélica hitleriana, a la liberación de Europa y del mundo entero del nazismo. Si en el periodo prebélico se hubiera logrado aunar los esfuerzos, se habría podido evitar numerosas víctimas.

Estimados colegas:

Según recalcara el insigne historiador ruso Vasili Kliuchevski, la historia “castiga por no aprender las lecciones”. Cuando la comunidad mundial se enfrenta con peligrosos retos y amenazas, son perjudiciales y arriesgados los juegos geopolíticos con suma cero y con tanta más razón, las tentativas de establecer la hegemonía global. Es preciso reanudar una tenaz labor con vistas a edificar en el Euroatlántico y Eurasia una arquitectura de seguridad igual e indivisible y de amplia cooperación entre los Estados soberanos. El factor más importante del éxito es el respeto de los principios universalmente reconocidos y de las normas del Derecho Internacional que han de ser rigurosamente observados por todos los participantes en las relaciones interestatales.

Guiándose por esta filosofía, Rusia seguirá aplicando esfuerzos por sanear la situación mundial, contribuyendo a resolver los numerosos conflictos y crisis por vía político-diplomática.

Otra vez agradezco a quienes organizaron esta exposición.

Gracias por la atención.

Fuente:

Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa

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