23 | 01 | 2020

Por Gerónimo Paz

El 2020 inicia con una dinámica política vertiginosa, como era de esperarse en un cuadro político como el venezolano, marcado por la disputa de dos bloques políticos antagónicos, con dos visiones de país antipódicas. Para quienes nos ubicamos en el bloque patriótico nunca está de más recordar que el conflicto y las batallas que libramos se enmarcan en una disputa histórica en cuyos ejes están cuestiones como nación o colonia, un país pensado en las mayorías o en élites económicas y políticas, democracia profunda o esperpento de democracia. También lo es que enfrentamos no una oposición democrática con sentido nacional, con honor político, sino a unas fuerzas que trabajan bajo las órdenes y voluntad de una potencia extranjera que nos agrede. Esto le da un carácter y una naturaleza al conflicto que debemos considerar cuando valoramos la situación política y nos posicionamos frente a la disputa en ciernes. Cada quien es cada quien, pero la verdad histórica está allí.

El 2020 asoma entonces claramente su fisionomía, sus tensiones, sus desafíos y los escenarios de lucha que enfrentaremos en esta batalla por la dignidad nacional, por nuestro derecho como pueblo a la autodeterminación. Año nuevo, batallas nuevas.

Espabilamos en los primeros días del año y ya estábamos en la batalla por la reinstitucionalización de la Asamblea Nacional. Las fuerzas del bloque patriótico buscan explotar los éxitos obtenidos en el 2019 con la derrota de lo que fue una «ofensiva final» lanzada contra la Revolución Bolivariana bajo una estrategia de máxima presión, siendo la mayor expresión de esta derrota la debacle del experimentó Guaidó, que ha saldado con una profunda fractura de la ya endeble unidad opositora que ha quedado desorganizada y descolocada.

Como es correcto, se trata de sostener y consolidar la iniciativa, no darle descanso al adversario, no dejarlo reorganizar, para avanzar en el propósito estratégico de consolidar la estabilidad política y, por lo tanto, la paz, como un prerrequisito para encarar el principal desafío que tiene la revolución bolivariana, que es la recuperación económica. En este sentido, la batalla por la reinstitucionalización de la asamblea nacional no es un escarceo más dentro de la dinámica política venezolana:es una batalla estratégica, la principal batalla política del 2020, que se va a librar en dos escenarios, el primero en la disputa por una directiva abierta al diálogo en el marco del período legislativo actual y el segundo en el escenario electoral que sin duda sigue en lo inmediato.

Se actúa en una coyuntura geopolítica favorable, en la cual el gobierno norteamericano, enemigo estratégico, está obligado a concentrar esfuerzo en dinámicas que en gran medida van a determinar la reelección o no de Donald Trump.  Por un lado está la escalada del conflicto en el Medio Oriente como consecuencia del asesinato del General Soleimani, por otro lado, el juicio político o «impeachment” que en el senado se le sigue al presidente norteamericano. Tenemos que considerar que tanto la reelección como el juicio político pasa por el partido republicano. En el juicio político porque quien lo aprueba o lo rechaza es el senado, actualmente de mayoría republicana, y en las elecciones, porque representa la maquinaria para encarar la campaña electoral. Estas variables están influyendo para que Trump esté obligado a mantener unas muy buenas relaciones con su partido y hacerle concesiones, entre las que está el endurecimiento de su política exterior sobre sus prioridades estratégicas. Esto podría ser unas de las claves que explica el escalamiento de la agresión  contra Irán. En esa misma línea geopolítica del análisis se ubica la situación de América Latina, en dónde la coalición neoliberal restauradora ha sufrido importantes reveses por las victorias electorales de opciones progresistas en Argentina y México, dos países claves de la región, y por el empantanamiento de la situación política en Chile, Colombia, Ecuador, causada por la rebelión popular contra las élites  neoliberales, lo que ha debilitado el bloque de la derecha que fue punta de lanza en la fuerte ofensiva intervencionista del 2019 sobre Venezuela.

En resumen, recuperar la institucionalidad de la AN no solo es un problema político, es algo necesario para garantizar la paz y la estabilidad, es un paso necesario y estratégico para la recuperación económica. Se necesita una AN seria, con sentido común. No se pide que sea chavista, sino que tenga sentido nacional, talante democrático, que como parte del Estado Nacional contribuya a resolver los grandes problemas del país; que más allá de la retórica y la diatriba política sea parte de las soluciones y no un emplazamiento, una posición de avanzada para atacar al país. El bloque comercial y financiero que niega el acceso a la inversión internacional, componente clave para reactivar el aparato productivo, se ve agravado por la inexistencia de una AN que está en desacato y que lo que existe conspira para evitar que el país pueda gestionar recursos para la inversión en la producción nacional, para importar medicamentos, equipos, maquinarias, materia primas etc.

Fuente:

CRBZ – Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

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