Nuestra Bandera:

Por CLARA VALVERDE GEFAELL La salud ha dejado de ser un derecho para ser una mercancía en manos de administradores públicos convertidos en “proveedores”, y los derechos de los ciudadanos se reducen al derecho a la desigualdad. El neoliberalismo, la etapa actual del capitalismo, hace negocio con todo lo público y da prioridad a la especulación económica para distribuir la riqueza hacia arriba, lo que hace que aumenten las desigualdades. Si el objetivo del neoliberalismo es enriquecer a los ricos, qué mejor negocio que la salud de los ciudadanos. La sociedad española está envejeciendo, lo cual aumenta la necesidad de servicios sanitarios. Los bienes públicos con los que hace negocio el neoliberalismo fueron conseguidos a través de luchas sociales, y los mantenemos entre todos no para hacer negocio, sino para dar servicios como debe ser en una democracia. La salud ha dejado de ser un derecho para ser una mercancía en manos de administradores públicos convertidos en “proveedores”, y los derechos de los ciudadanos se reducen al derecho a la desigualdad. En el pensamiento neoliberal, los poderosos no ven las desigualdades como el resultado de sus acciones sino como parte de esa “normalidad”, la cual, hasta en tiempos de pandemia, quieren que añoremos. Mientras no tengamos un sistema de salud de gestión y titularidad públicas seremos clientes de un sistema ineficaz y corrupto que prioriza los beneficios privados a la salud de la gente. Para llevar a cabo la privatización de la sanidad, el neoliberalismo (y sus compañías de seguros, gestión, limpieza, farmacéuticas y biotecnología) empieza por la mercantilización. O sea, van obteniendo contratos para partes del sistema sanitario, empezando por los hospitales. El neoliberalismo apuesta por el “hospitalcentrismo” y abandona la atención primaria, ya que los hospitales son más lucrativos y se pueden ir mercantilizando servicio por servicio, sin que los trabajadores sanitarios ni los usuarios se den cuenta. Por ejemplo, las listas de espera. Si uno está en lista de espera para una operación de cadera, que según la comunidad autónoma puede ser entre uno y dos años, el paciente puede recibir una llamada de un hospital privado o concertado (o sea, privado en parte) ofreciéndole la misma operación en un mes y “gratis”, que no es gratis, ya que el servicio que da la privada a los usuarios de la pública está pagada por ésta a través de acuerdos y contratos. Y así hacen negocio con el…

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