Partido Comunista Ecuatoriano:

Los neoliberales, en el gobierno o en sus trincheras mediáticas, reavivan la vieja confiable del “pragmatismo” para la toma de decisiones gubernamentales en materia económica, a propósito de las crecientes ofertas de Lasso que ponen a la venta al país, para alegría del capital extranjero (lo más reciente es el anuncio de subastar la Corporación Nacional de Telecomunicaciones -CNT-).  La idea de ese pragmatismo es que las cosas se deben hacer en tanto sean útiles.  La pregunta que debemos hacernos es: ¿útil para quienes? Lo interesante es que de a poco aparecen las contradicciones y pugnas entre los propios defensores del mercado libérrimo, pues mientras unos felicitan que el gobierno se empeñe en eliminar regulaciones al mercado para estimular el ingreso de inversión extranjera, los dueños de grandes capitales nacionales comienzan a ver la amenaza a sus ganancias y apelan al interés o necesidad de los consumidores para defenderse y exigir regulación.  Entre tanto, los pequeños productores, artesanos, trabajadores y pueblo en general, seremos quienes absorbamos las consecuencias finales de todo aquello, conocidas en el pasado de nuestro país y en el de otros.  El proyecto neoliberal avanza y como decía un slogan de un banco privado, “lo mejor está por venir”, al menos para el mundo del gran capital. Si de alguna manera se puede calificar lo descrito, es de pragmatismo neoliberal; lo que define claramente que la utilidad de las acciones se inclina a fortalecer un régimen económico que facilite la acumulación de riqueza y no un régimen que fomente el desarrollo humano sostenible.  Se cae entonces la mentira de que el pragmatismo esté limpio de consideraciones ideológicas y políticas; todo lo contrario.  El pragmatismo está pintado de consumo, marketing y oropel, en permanente batalla ideológica que consolide y arraigue la idea de que no hay otra forma posible y mejor de organización social. Es tiempo de poner en la mesa la discusión seria en torno al proyecto de sociedad justa que debemos construir para Ecuador, con un pragmatismo que se base en la utilidad de las acciones políticas y económicas para responder a los intereses de quienes realmente crean riqueza: las y los trabajadores. Es tiempo de hablar de socialismo, con seriedad, con memoria, con originalidad, sin mitos ni tergiversaciones; en este Ecuador que se despedaza mientras el gobierno se empeña en venderlo a quien menos pague, haciendo gala de un pretendido pragmatismo desideologizado, que en realidad…

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